Es uno de los recorridos más atractivos de La Araucanía y el Biobío: la ruta de los colonos europeos que llegaron a fines del siglo XIX y dejan rastros hasta hoy en la zona mapuche. Conozca una de las mejores postales del sur, con encantadores pueblos rodeados de lagos, reservas de árboles nativos y una gastronomía de alto nivel, con trattorias, prosciuttos y prodigiosas onces alemanas.

LUMACO.- Si por estos días recorre las regiones Octava y Novena, desvíese hacia Capitán Pastene, un paraíso gourmet y excelente punto de partida para conocer la zona. En medio de bosques de pinos, camiones madereros y comunidades mapuches encontrará este pueblo de calles semivacías, donde todos los días parecen domingo. Un paisaje bucólico, de gente cálida y afable, muchas de ellas de ojos claros y apellidos italianos. Un pueblo donde la mayoría está emparentada y se conoce.

Panorama obligado para sibaritas, Capitán Pastene se ha convertido en una de las localidades más atractivas de la cordillera de Nahuelbuta, donde los amantes de la buena comida llegan a cumplir su peregrinación gourmet. Muchos viajan por el día a degustar las mejores pastas y prosciuttos de Chile.

Mientras en la calle la tranquilidad es permanente, las tres trattorias del pueblo, atendidas por sus dueños, están llenas al almuerzo y la cena, con comensales que vienen con la específica misión de probar pastas, jamones y postres elaborados a mano, con recetas familiares que fusionan la tradición italiana de Emilia Romagna con la sazón local, incorporando merkén, avellanas, ciruelas y piñones a sus preparaciones. En el restaurante de Ana María Covili, la cocina y fábrica de pastas están abiertas al público y los comensales pueden observar cómo se preparan sus platos.

Capitán Pastene es un lugar donde la herencia de los colonos se respira en cada rincón del pueblo, en la misa del domingo en la iglesia de San Felipe de Neri, en sus veredas anchas y silenciosas calles que se llaman Verdi, Dante o Caupolicán, en la histórica casa del molino Rosati y el emporio Montecorone o en la bodega de jamones de Don Primo, con cientos de piernas colgando del techo. Pero sobre todo, en los relatos épicos de los nonnos, que llegaron en 1904, luego de un largo viaje en barco y carretas de bueyes, colonizando un terreno indómito y aislado, de lluvias eternas y complicado para sembrar, convirtiéndolo a punta de trabajo en un vergel entre las montañas.

Será por ese espíritu de superación que a los pasteninos les gusta celebrar. El calendario está salpicado de sagras, festejos costumbristas donde el pueblo se llena de visitantes, muchos de ellos pasteninos que partieron a vivir a la gran ciudad.

PUREN Y CONTULMO

En plena frontera entre La Araucanía y el Biobío está Purén, un destino imperdible que por ahora se mantiene como uno de los secretos mejor guardados de la región. Aquí puede sentirse la apacible vida de pueblo, pasando la tarde en la plaza, a la sombra de sus impresionantes araucarias y árboles añosos. Recorrer Purén a pie es tomar una clase de historia de Chile al aire libre, donde van apareciendo protagonistas, locaciones y eventos de nuestro pasado.

Muchas casas de colonos europeos siguen en pie, y su arquitectura es inconfundible: una particular mezcla de cultura mapuche y herencia suiza y alemana. Caminando unas cuadras se llega al fuerte militar (1869), ubicado estratégicamente en las faldas del cerro, y donde el pueblo se ve desde las alturas. Escenario de conflictos entre españoles y mapuches, no deje de recorrer el Museo Mapuche, con piezas auténticas y visitas guiadas. Hay una muestra de la historia del ferrocarril, que tenía estaciones en Purén y en localidades vecinas.

La frutilla blanca es el atractivo gourmet de Purén y Contulmo. Se produce en los alrededores de ambos pueblos y del Valle de Manzanar, y es uno de los cultivos más exóticos del sur. En febrero se realiza el Festival de la Frutilla, donde los productores guardan parte de su cosecha para preparar un delicioso: el cleri.

La ruta de Purén a Contulmo está llena de sorpresas. Los 20 km que los separan son un recorrido serpenteado y mareador, que cruza la cordillera de Nahuelbuta. En el camino está el salto y cascada Rayén, caminando menos de un kilómetro se llega a las aguas, en medio de frondosa vegetación. Poco más allá está el Monumento Natural Contulmo, con zonas de picnic y senderos para recorrer.

En Contulmo, la herencia alemana está a la vista. Es un pueblo de 7.000 habitantes, donde aún no llega el retail o las cadenas de farmacias. Vale la pena recorrerlo y conocer su pasado colonial, la calle Millaray, que rodea la plaza y está llena de historia: la casa Kortwich, construida hace más de 120 años por Pablo Kortwich, primer alcalde del pueblo. Hoy es uno de los mejores restaurantes, sirve comidas y onces, pruebe el kuchen de frambuesa.

Kortwich es también el responsable del Parque Santa Elena, donde, en medio de murtillas y boldos, se pueden ver pájaros carpinteros y zorzales. Frente a la plaza, un verdadero vergel de árboles, está el almacén Schulmeyer -antiguo emporio fronterizo- y el hotel Central, otra de las centenarias construcciones que sigue en pie.

DONDE COMER
Restaurante y fábrica de pastas Anita Covili (Pedro Montt 928, Capitán Pastene).
Trattoria Don Primo (Dante 746, Capitán Pastene).
Restaurante Casa Kortwich (Millaray 120, Contulmo).

DONDE COMPRAR
Deliciosas conservas, mermeladas y pastas en La cucina di Pastene (Pedro Montt 435, Capitán Pastene).
Emporio de prosciutttos Montecorone (Pedro Montt 755, Capitán Pastene).

DONDE DORMIR
L’Emiliano, ristorante y cabañas (Pedro Montt 755, tel. 45-753904 , Capitán Pastene).
Hostal de Lita Vecchi (Pedro Montt 540, Capitán Pastene).
Hostal Coty (Francisco de Villagra 431, tel. 45-793128 , Purén).