Abarcando casi 32 kilómetros de borde costero de la comuna de Río Negro, entre Punta Tiburón y Punta Lobería, y entre los ríos Hueyelhue y Cholguaco, Lafken Mapu Lahual o “Mar y Tierra de Alerces” en lengua mapudungun, constituye un espacio para el goce, uso y preservación del mar y la costa que explora nuevas fronteras de vivir la diversidad en Chile..

OSORNO.- Este parque comunitario se distribuye al sur de la provincia de Osorno en la Región de Los Lagos, y es un ecosistema caracterizado por una gran cantidad de flora y fauna. Es considerado uno de los 25 sitios mundiales prioritarios para la conservación, reconocido por el World Wildlife Fund y el Banco Mundial, como uno de los 200 ecosistemas mundiales que conservan elementos culturales y de biodiversidad únicos en el planeta.

Lafken Mapu Lahual cuenta con senderos de interpenetración a través del bosque nativo que se extiende como un paño de vegetación continua. A orillas del Océano Pacífico ofrece áreas de camping, centros de información ambiental y cultural; y diversos servicios turísticos, como pesca deportiva, buceo, gastronomía típica, caminatas dirigidas, avistamiento de cetáceos, loberías, entre otras.

En esta reserva de la naturaleza, habitan comunidades mapuche huilliche, pueblos ancestrales, empeñados en vivir manteniendo las condiciones originales de su entorno, sustento fundamental de su cultura y cuya economía familiar depende casi exclusivamente de la extracción de madera de alerce.

El área aledaña es igualmente mapuche, pero también pescadora y se encuentra habitada por las comunidades de Bahía Mansa y Maicolpué Río Sur. Aquí se concentra la actividad económica y la forma de vida más convencional, a la vez que constituye el punto de desembarque más seguro y próximo al área natural protegida. Maicolpué, junto a su vecina Pucatrihue, son los balnearios más visitados por veraneantes provenientes principalmente de la ciudad de Osorno.

Así pues, como detenido en el tiempo y a la espera de que los años decaigan en sus aguas y tierras, vive este lugar entre la cordillera y el mar, entre pueblos ancestrales y modernos de pescadores artesanales y algunos otros cazadores de sueños.

Naturaleza sobrecogedora

La topografía del área es fascinante; elevaciones de muy difícil acceso esconden paisajes extraordinarios y al mismo tiempo permiten que las especies abunden por doquier. El curso de los ríos, antes de salir al mar, dan origen a playas de suaves arenas, las que son aprovechadas por los habitantes para resguardo de sus embarcaciones, traslado de materiales y captura de recursos marinos que con la subida y bajada de las mareas quedan atrapados y resultan presa fácil para los pescadores.

En cada rincón la naturaleza se manifiesta de forma sobrecogedora. Un ejemplo es la playa Bahía Cóndor, donde llama la atención el contraste de los bosques con el color turquesa del mar y la gran extensión de arenas blancas.

La variedad de formas de vida en el ecosistema marino es enorme. Los estuarios sirven como áreas de reproducción y crianza para varias especies marinas, como róbalo, puye, lisa, pejerrey, y de algunas especies de invertebrados y algas de interés comercial tales como erizo, loco, lapa, chorito, choro zapato, macha, huiro, chascón, luche, por nombrar sólo algunas. La presencia constante de pequeños mamíferos marinos como delfines, nutrias y lobos, por ejemplo, dan cuenta de la baja intervención que ha recibido este lugar a lo largo del tiempo, aún cuando pescadores artesanales lo visiten frecuentemente. La presencia e impacto humano es todavía muy bajo, y en las cuencas de los ríos Hueyelhue y Cholguaco aún drenan bosques intactos.

Cuando nos internamos en el bosque nativo del Parque, nos impresiona la gran variedad de plantas, árboles, arbustos, enredaderas, helechos y musgos, además de numerosos hongos, insectos, aves y tantos otros seres vivos. Transitando por varios de los senderos, es posible encontrar retoños de muchas especies de árboles nativos, que escasamente se ven en otros sitios de la Cordillera de Los Andes, como el olivillo costero, alerce, luma, tepú y lenga. A pesar del estado de conservación de estos bosques y la riqueza de sus especies, su verdadero valor biológico radica en su elevado endemismo y antigüedad. Se estima que más del 45% de las especies de plantas, lianas, musgos y una porción no menor de vertebrados son endémicas al bosque templado de Sudamérica Austral.

La fauna de macroinvertebrados terrestres y dulceacuícolas ha sido estudiada de manera general. Se estima que habitan más de 30 especies de aves asociadas al bosque y un número no menor de mamíferos dentro de los que destacan varias especies de roedores, y otras especies de mayor tamaño como chingue, güiña, zorro, pudú, conejo europeo, monitos del monte y nutrias de río, además del puma.