Triunfa en Italia, la tierra de los grandes tenores. Miguel Angel Pellao, joven pehuenche miembro de la comunidad Callaqui en el Alto Bio Bio, se encuentra en Chile como parte del elenco del musical "Corazón Mestizo". De su historia conversamos con el "Tenor Pehuenche".

SANTIAGO DE CHILE.- A los 10 años cantaba escondido desde lo alto de un Peumo. Hoy, con tres décadas, es una figura emergente de la música lírica a nivel nacional e internacional, y estudia canto en el prestigioso Conservatorio “L. D’annunzio” de Pescara, Italia. La temporada estival lo trae de regreso al país, con una nutrida agenda que incluye su participación como jurado en el Primer Festival Internacional de Ópera en San Pedro de la Paz, más una gira nacional con el musical Corazón Mestizo durante abril y mayo.

Miguel Ángel Pellao, el tenor pehuenche, nos recibe amablemente en una tranquila residencia ubicada en el barrio alto de la capital. Tras ofrecernos una bebida, se recuesta en el sofá, esboza una sonrisa y comienza a tocar algunos acordes de su charango favorito. Éste es uno de sus primeros minutos de relajo en las últimas 48 horas. El día anterior se había presentado con éxito en el debut oficial del musical Corazón Mestizo, una adaptación libre de la épica La Araucana de Alonso de Ercilla, de gran producción y elenco, y en la cual interpreta el rol del mítico guerrero Caupolicán.


MIGUEL A. PELLAO / TENOR


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La travesía había empezado horas antes en España, durante una escala del vuelo procedente desde Roma, Italia, con destino a Santiago de Chile. En el aeropuerto de Barajas, Madrid, y ya casi listo para retomar el vuelo, se dio cuenta que su preciado charango se había quedado en el avión anterior. Aquel instrumento tiene para él una importancia especial: lleva escrita una dedicatoria de Max Berrú, músico de Inti Illimani, un gran amigo y una de las primeras personalidades de la música que creyó y apoyó su talento como cantante lírico.

“Me vuelvo, a ver cómo vuelvo al avión, y me salen conque no, que no se puede ir, que está todo cerrado. Insistí como una hora hasta que logré volver al avión”. Y continua: “Agradecí tanto que saqué el charango y me puse a tocar en el avión para las azafatas”. Una vez en suelo chileno, debió correr directo desde el aeropuerto al escenario del Movistar Arena para cumplir con los ensayos preliminares de Corazón Mestizo.

Aún así, logró escaparse a Panguipulli, invitado por la fundación “Amigos de Panguipulli”, con el fin de compartir con la nueva orquesta de niños mapuche de esa localidad. “Ellos hacen muchas actividades culturales que tienen que ver con la música clásica, gracias a la gestión de un señor austriaco que vive allí, Christian Boesch, que ha representado al personaje Papageno de la ópera La Flauta Mágica y ha sido reconocido como uno de los mejores intérpretes de ese personaje en el mundo”, cuenta.

A las 21.30 horas de ese día, las luces del Movistar Arena ya estaban apagadas y la función, a punto de comenzar. Tras el telón, Espinoza Pellao estaba tranquilo, pues llevaba cuatro meses preparando su rol, un proceso en que reconoce haber forjado lazos afectivos con algunos compañeros de elenco, en especial con el cantante José Alfredo Fuentes (quien interpreta a Marcos Veas, el tutor español de Lautaro). “Él se integró un mes después que yo. Pollito, una gran persona, armamos una muy linda amistad; es muy profesional, muy tranquilo, nada que decir”, reflexiona.
-¿Cómo te preparaste para el papel de Caupolicán?

-Mira, la verdad es que me preparé poco, en el sentido que ya contaba con lo esencial, ya con el cabello largo estaba en un 40% (risas). Y después lo otro, claro, fue estudiar un poco cómo era que se comportaba Caupolicán, cómo eran sus relaciones con los demás guerreros, con los demás toquis, y eso fue a lo que más me aboqué. Pero la otra parte, la de la sangre, ya estaba. Hay algo que me gustaría decir respecto a Caupolicán: aquí en el cerro Santa Lucía -esto yo ya lo sabía, pero después lo estudié y lo corroboré, y lo digo porque es importante que se sepa- hay una estatua de Caupolicán. Resulta que a fines del siglo XIX, creo, o antes, un escultor chileno, Nicanor Plaza, participó en un concurso para los Estados Unidos. Tenía que hacer una figura de un indio norteamericano, la hizo, pero no le fue bien, no ganó el concurso. Entonces en ese tiempo el intendente, me parece que era Benjamín Vicuña Mackenna, lo recibió acá con grandes fanfarrias, tipo “pucha ya, perdimos igual, pero sabes qué, te vamos a comprar la estatua que hiciste, compadre. Y la vamos a poner acá en homenaje a los mapuches, y a esta estatua le vamos a poner Caupolicán”. Y le pusieron Caupolicán, pero la verdad es que no tiene nada que ver con nuestra cultura. Si tú lo ves, es un indio Siux el que está ahí, con el penacho, aros, flechas. Y la gente va, y se saca fotos con Caupolicán, y resulta que no tiene nada que ver con nuestra cultura, y eso también es importante que la gente lo sepa. Nosotros somos ignorantes de eso, y hasta los mismos mapuches van y le hacen una rogativa ahí…
-Uno de los momentos más llamativos del musical es la presentación de tu personaje Caupolicán: frente a todos los otros caciques, aparece levantando un tronco gigante, mientras Tito Beltrán, caracterizando a Alonso de Ercilla y Zúñiga, canta de forma imponente “Caupolicán, no afloja…”, como si fuera una especie de divinidad.
-Hay una anécdota con ese asunto: resulta que yo tenía que levantar el tronco, que era una cosa hecha de plumavit. Y cuando ensayamos y todo, me dije, oye, pero a esta cuestión hay que ponerle más peso, porque la levanto con un dedo y ya está arriba mío. Y en Osorno (el pre estreno a la fecha en Santiago), en plena obra, llegamos a la escena cuando Tito recita “Caupolicán, no afloja…”, tomo el tronco y me doy cuenta “¡mierda, le pusieron como quince kilos a esta cosa!” (risas). Y claro, quince kilos no es tanto, pero en el momento fue su susto.
-A nivel de la historia ¿qué es lo que más te ha gustado?
-Yo resaltaría una cosa muy chiquitita y muy importante: que la gente con esto pueda entender que, efectivamente, los españoles cuando llegaron a colonizar su destino no era Chile, sino Perú. En Chile se supone que tendría que haber oro, que nunca encontraron. Lo que sí encontraron fueron tierras, donde justamente habitaba la mayoría de los indígenas. Entonces, yo creo que esta obra habla de eso, que justamente coincide con las problemáticas que existen con los mapuche de la zona. Entonces, yo rescataría de esto, hacer un hincapié en que lo que cuenta Ercilla es lo que seguramente pasó, y que hasta el día de hoy nos tiene un poco marcados a los que pertenecemos a las comunidades y a los que creen saber cuáles son las reales problemáticas del pueblo mapuche.
-Beltrán ha dicho que este musical “les va a abrir los ojos a muchos. Es muy fuerte cómo se va a mostrar…” De hecho, la obra revive el tipo de ejecuciones que se aplicaron a los toquis de esa época, que eran muy crueles e incluían la amputación de miembros del cuerpo.
-Claro, y más aún: También hay que pensar que los españoles llegaron sin mujeres. Ellos ya hacían abusos a los derechos humanos en ese tiempo, y por lo que cuenta Ercilla, cada español llegó a tener más de cuarenta hijos al año ¿te imaginas? Ponte tú que terminaban una batalla, y al atardecer se ponían a tomar… Y esta fue una de las guerras más largas a nivel mundial, dividida por periodos, pero siempre en guerra. Fue muy fuerte en ese aspecto ese periodo de colonización, así entre comillas, y es por eso que el musical se llama Corazón Mestizo. Y el mensaje es que la gente pueda entender eso.
-Se ha dicho que los textos de Ercilla remecieron a algunos integrantes del elenco por lo cruenta que fue la Guerra de Arauco…
-Bueno, al Pollito, yo creo que fue uno de los que más le llegó. Ayer en el estreno, por ejemplo, atrás del escenario me decía “puta que lindo que te conocí Miguel, estoy emocionado, yo creo en lo que pide el pueblo mapuche, estoy contento de conocerte. Te has sacado la chucha para llegar lejos y dar a conocer al mundo quién eres tú y tu pueblo”… claro, a lo mejor estaba metido en su personaje Marcos Veas, porque me decía “nosotros los cagamos a ustedes… de aquí a que encontremos una solución que los deje en paz, que vivan como quieran vivir en sus tierras… es difícil, van a pasar años, siglos”. Y lo decía él, ah, o sea, esta obra le ha llegado mucho, se emocionaba harto cuando cantaba. De hecho es muy linda esa parte cuando canta y dice que traicionó a Lautaro, porque él le enseñó a luchar.

“El cura Gielis era cuadrado”

Miguel Ángel Pellao asegura que a sus treinta años ha acumulado experiencias y dificultades que le han hecho tener el cuero duro. Una travesía difícil, en la que, sin embargo, lo acompañó una buena estrella que le dio oportunidades que él supo aprovechar. También le ha dado afectos, que vienen desde su madre y su hermano mayor, Francisco, a grandes artistas que de una u otra forma lo han apoyado en su carrera, como el músico ecuatoriano Max Berrú, el “tío” Valentín Trujillo, el fallecido Juan Azúa, más lo que él llama sus “familias putativas” (como los Parra-Valdebenito en Santiago), que desde muy joven le han ofrecido su apoyo y amistad.

Miguel Ángel es pehuenche y nació en Santa Bárbara, Región del Biobío. Su madre y sus diez hermanos se criaron en la montaña, en el sector de Callaqui, a escasos kilómetros de Ralco. Su padre murió cuando éste tenía apenas cuatro años, lo que obligó a su madre, en medio de muy precarias condiciones, a dejarlo a él a y su hermano mayor, Francisco, al cuidado de casas estudiantiles para niños indígenas como el Hogar Padre Remigio Gúbaro. Durante su permanencia en el internado conoció al cura Alfonso Gielis, quien actualmente es investigado por la justicia belga por haber cometido abusos sexuales en contra de menores de ese hogar: “A mí no me hizo nada ni tampoco vi nada raro en el cura”, asegura, aunque reconoce que cuando se enteró de la noticia a través de radio Bío Bío quedó “loco”. “Me decía: bueno, las personas que están más calladitas de repente son las peores”. Y prosigue: “Él era una persona amable, sencilla, tranquila; claro, era como son todos los europeos, cuadrado”.

-La primero denuncia en contra del sacerdote fue en 1988, justo en la época que vivías en ese Hogar…
-Sí, pero te repito, yo nunca vi ni escuché nada hasta ahora por la prensa. Había comentarios en esos años, pero nada así como para suponer que era verdad todo este tema. Menos mal que este tal por cual no me hizo nada, porque yo lo hubiese tirado por los diarios, por todos lados denunciando esta cosa.
La separación de su madre produjo un vuelco en la vida del futuro cantante lírico y lo marcó de manera muy fuerte. “Fueron lejos los años más difíciles, sobre todo por el tema de estar lejos de mi ella. Definitivamente fueron los años más duros y tristes de mi vida”, recuerda.
-Incluso repetiste tres veces quinto básico.
-Claro, y no era por ser vivace, como dicen los italianos, sino justamente porque no estaba mi mamá. Cuando ella llegaba al hogar, yo hacía mis tareas y me portaba bien. Quedé repitiendo dos o tres veces porque no me podía concentrar, no podía estudiar. Pero después, claro, cando salí del hogar indígena -a cursar quinto, sexto, séptimo, octavo, toda la media- fue todo siempre bien. Lo único que me dio dolor de cabeza siempre fueron las matemáticas.
-¿Siempre fue instintivo esta afición por el canto?
-Siempre. De chico cantaba canciones muy típicas, me acuerdo que de René Inostroza, muy de la zona. A veces, cuando me ponía a cantar o hacía desorden, para que mi mamá no me pegara, me arrancaba y me encaramaba en un árbol grande que había en la casa de mi abuelo, justo entre el cerco y la calle, y ahí arriba me paraba y cantaba. Me acuerdo como si fuera hoy, tenía una voz chillona. La gente pasaba por ahí, los viejitos, pero no podían verme. Después mi abuelo cortó en la parte de más arriba del árbol -que era bien alto- y me hizo un asiento. Así es que ahí me instalé, y a partir de ese momento la gente pudo verme. Pero fue de a poco, me daba vergüenza que me vieran cantar. Lo mismo en el hogar, me comía toda la comida rápido y luego me ponía a cantar debajo de la mesa. De hecho, allí organizaban un festival todos los años, el Festival del Piñón. La primera vez que canté no gané, perdí y me fui para afuera altiro. Y después empecé a ganar y a ganar y de ahí no me dejaron participar más.

Uno de los hitos importantes de su infancia fue cuando un benefactor del hogar le regaló un casete con interpretaciones del tenor Enrico Caruso: “Al primer cantante de ópera que escuché cantando fue a José Carreras, y de ahí en adelante empecé a imitar, ver cómo se cantaba”, explica. También recuerda con agradecimiento a sus primeros profesores de esos años, como Enrique Bernstein y Ramón Miranda, con quien aprendió a leer música a través de partituras. Comenzó a practicar su canto en las misas dominicales de Santa Bárbara y, poco a poco, su vocación tomó un rumbo más profesional. Luego seguirían tres años de estudios en la academia de música Antonio Vivaldi de Concepción, formación que después continuaría por dos años, con Licenciatura en Arte, en la Universidad de Chile.

Hoy, la carrera del joven tenor pehuenche toma un vuelo prometedor. A su regreso a Italia se integrará a una obra llamada Moisés en Egipto, de Gioachino Rossini, y, posteriormente, realizará presentaciones en España, Alemania y Bologna (Italia). Ambien se integrará, después de abril, a una gira junto al grupo Acanto, que llevará por todo Italia la obra “Canto para una semilla” (de Inti Illimani, basada en décimas escritas por Violeta Parra), donde participará como cantante e instrumentista. En Chile, en tanto, cantará y será parte del jurado del Primer Festival Internacional de Ópera en San Pedro de la Paz, a realizarse desde el 25 al 29 de enero. Luego, seguirá un concierto lírico en Panguipulli, en alguna fecha a confirmar durante febrero.

Pero, entre todos, uno de los más grandes honores para Miguel fue el vivido en la localidad de Ralco, comuna de Alto Biobío, a fines de noviembre del año pasado. Allí, entre presentaciones de importantes artistas y grupos tradicionales de la cultura pehuenche, fue nombrado Hijo Ilustre por las autoridades de la localidad. “También visité Callaqui, que es donde está toda la familia de mi madre. Quería ver a mis tíos, hacía muchos años que no los veía”. Es que el orgullo por su identidad pehuenche es un tema muy importante. “Con esto también quería servir de ayuda a los jóvenes que hoy buscan una posibilidad. Yo siempre digo que en Chile lo que hay es mucho talento, y lo que no hay son las oportunidades”, asegura.

“En Chile somos muy discriminadores”

-¿Has tenido la oportunidad de conocer a destacados cantantes de ópera en Italia?
-Sí, con el que más he trabajado haciendo unos pequeños roles y como corista ha sido con un gran barítono, un gran capo, un personaje de la música clásica, Renato Brusón. Allá para todo el mundo, especialmente los que conocemos de lírica, Brusón es un maestro.
-Te has sentido apoyado, entonces.
-No, claro. Si allá no se vive el racismo, el racismo se vive en Chile, aquí somos muy discriminadores. Es importante señalar que en Chile son muy chaqueteros, si uno va tirando pa arriba, te tiran pa abajo. Yo creo que eso va acompañado de que los chilenos no tenemos identidad, tenemos un poco de Argentina, un poco de los peruanos, un poco de los bolivianos, un poco de todos, pero no tenemos una identidad. De hecho, lo que más nos reconocen afuera es que hablamos muy mal.
-¿Te ha tocado en Chile vivir experiencias concretas de discriminación en el último tiempo?
-Sí, por eso lo digo. Son situaciones tipo, por ejemplo, cuando voy al banco. Normalmente voy con mi cabello suelto, y lo tengo muy largo, y ya ahí te ven como un poco raro. O donde vayas, no sé por qué. En Europa es todo lo contrario.
-Hay una frase bien fuerte que dijiste hace no mucho: “en ningún país me he sentido más discriminado que aquí en Chile” ¿La mantienes hasta hoy?
-Sí, claro. Ahora capaz que, no sé, como la gente ya me ubica, me conoce, la cosa pueda ir cambiando. Seguramente habrá mucha gente que no estará de acuerdo con que diga esto y otra que sí lo estará, pero definitivamente es así, no es algo que yo esté inventando.
-Hay un tema delicado, que obviamente le da contingencia a Corazón Mestizo, y son las imputaciones que vinculan a la Coordinadora Arauco Malleco como la causante del incendio forestal en Carahue, donde murieron 7 brigadistas ¿Qué te parece el manejo que el Gobierno le ha dado a este asunto?
-Mira, muy preciso: yo parto diciendo que yo estoy con la causa, estoy en rescatar lo que nos pertenece. La ley del mapuche dice que el mapuche nace en su tierra y tiene que morir en ella. Ese concepto no lo entiende el Gobierno, es una cosa más de aquí, del piuque -que significa corazón en mapudungun- para poder llegar a entender eso. Yo creo que llamar terroristas a los mapuche agrava más la situación, porque no lo son. Ellos siempre fueron guerreros, traen un pasado de guerreros, de luchar por sus tierras. Los españoles llegaron a invadir, y estuvieron cuántos años tratando de quitar las tierras hasta que lo lograron, claro, pero con tratados entremedio. Pero después, todas esas cosas se pasaron a llevar. Debería haber una postura del Gobierno en el sentido de… pero es que no, si nunca la ha tenido, en realidad.
-Desde el otro lado, según reportes de prensa, la CAM se adjudicó la quema de un helicóptero, justamente para apagar incendios. Durante los últimos años también se han quemado numerosos fundos y camiones ¿Cuál es tu postura respecto a ese tipo de tácticas? ¿Las entiendes? ¿Las justificas?
Obviamente no las justifico porque no es el mejor medio para tratar de solucionar los problemas (piensa)… tampoco podría decir que me consta que lo hayan hecho ellos (la CAM o comuneros mapuche). Hay tantas cosas que uno no sabe… todo radica en no querer lograr un diálogo. Obviamente, no estoy de acuerdo, no soy partidario de que se tengan que hacer ese tipo de cosas, porque tampoco es ese el camino.
-Finalmente, cuéntanos ¿Cómo nació el apodo tenor pehuenche? ¿Es cierto que te lo puso Max Berrú?
-Sí, Max un día me dijo (pone acento ecuatoriano) “oye, yo creo que tú te tienes que llamar el tenor pehuenche. Yo creo que estaría bien que te quedes con ese nombre, porque vende”. Pero, por otro lado, estaba el punto de vista de lo delicado que puede ser también llamarte con ese nombre, pero yo lo hago con mucho respeto.
-Incluso entre tu propia gente puede generar suspicacias…

-Sí claro, pero hasta el día de hoy ha habido buena recepción, porque, de alguna manera yo donde voy hago de werken, que en español significa el mensajero, el embajador. Yo me considero un embajador más de la cultura mapuche en general.

 

+ Gentileza Revista NOS